3.4 Lee el folleto

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ESTADÍSTICAS INTERNACIONALES

El LSD es la droga alucinógena (que altera la mente) más poderosa. El LSD es 100 veces más potente que los hongos alucinógenos.

En Europa, hasta el 4,2% de aquellos que tienen entre 15 y 24 años de edad han tomado LSD al menos una vez. Al hacerse una encuesta, el porcentaje de gente en este grupo que había consumido LSD el año pasado fue mayor de 1% en siete países (Bulgaria, República Checa, Estonia, Italia, Letonia, Hungría y Polonia).

En Estados Unidos, desde 1975, investigadores financiados por el Instituto Nacional sobre el Consumo de Drogas han hecho una encuesta anualmente a casi 17.000 estudiantes del último año de escuela secundaria en todo el país, para determinar las tendencias del consumo de drogas y evaluar las actitudes y creencias de los estudiantes sobre el consumo de drogas. Entre 1975 y 1997, el periodo más bajo de consumo de LSD fue por parte de la promoción de estudiantes de 1986, cuando el 7,2% de los estudiantes del último año de escuela secundaria informaron que consumieron LSD al menos una vez en su vida.

El porcentaje de estudiantes de último año de escuela secundaria que informaron haber tomado LSD al menos una vez durante el año anterior, casi se duplicó desde un 4,4% en 1985 hasta el 8,4% en 1997. En 1997, el 13,6% de los estudiantes de último año de escuela secundaria habían experimentado con el LSD al menos una vez en su vida.

Un estudio publicado en enero de 2008 informó que cerca de 3,1 millones de personas en Estados Unidos entre las edades de 12 a 25 años dijeron que habían tomado LSD.

El LSD es 4000 veces más potente que la mescalina.

“Empecé a frecuentar clubes de strip-tease y casinos, me volví muy promiscuo, visitando un burdel tras otro, y pronto conocí otras drogas.

Para entonces había perdido toda mi herencia y tuve que mudarme a un edificio donde vendían crack, donde permanecí un año viendo morir a la gente, perdiendo mi negocio y convirtiéndome en ladrón.

Me arrestaron en noviembre de 2003 por intento de secuestro y fui a prisión.

Había herido y perdido a todos los que me amaban y era repudiado.

Terminé sin hogar, en la calle, viviendo y durmiendo en una caja de cartón cerca de la estación [de trenes], mendigando y luchando por encontrar la forma de conseguir mi siguiente comida”. — Fred