ALCOHOL

“Cuando tenía 13 años, mis amigos se reían de mí si no tomaba una copa. Me dejé llevar porque era más fácil unirse al grupo.

Yo era muy infeliz y sólo bebía para escapar de mi vida. Salía cada vez menos y por eso empecé a perder a mis amigos, y cuanto más sola me sentía, más bebía. Era violenta y estaba fuera de control. Nunca supe lo que estaba haciendo. Estaba haciendo trizas a mi familia.

Expulsada de mi casa a los 16 años, me convertí en una indigente y comencé a pedir limosna para comprar bebida. Después de años de consumo, los médicos me dijeron que mi salud había sufrido un daño irreparable.

Tenía sólo 16 años pero mi hígado estaba seriamente dañado y estuve muy cerca de matarme debido a todo lo que estaba bebiendo”. — Samantha

“Para cuando cumplí 25 años, ya estaba enganchado a la bebida.

Muchas de mis prioridades tenían que ver con la bebida, y todo lo demás aparecía en segundo plano. Comencé a darme cuenta de que cuando no tenía que beber, tenía una sensación de pánico y empezaba a temblar.

Si tenía que estar sin una bebida a mano, empezaba a temblar y a sudar. No podía estar más de unas cuantas horas sin una bebida”. — Paul

“En el transcurso del último año he ido a trabajar borracho, me he desmayado en clubes y bares y no recuerdo cómo llegué a mi casa. De forma vergonzosa, me acosté con alguien y ni siquiera podía recordar a esta persona cuando llegó a casa conmigo, hasta que nos topamos frente a frente al día siguiente.

He destruido ya dos relaciones de pareja por la forma en que llegué a herir a mis parejas cuando estaba bajo el efecto del alcohol, pero le di prioridad a la bebida. Mi familia está muy lastimada debido a que su hija se está matando sin una razón aparente”. — Jamie

“Cuando decidí dejar de beber, me di cuenta de que el alcohol se había adueñado de mi cuerpo de tal manera que no podía parar. Solía temblar como si me fuera a romper, comenzaba a sudar y no podía pensar hasta que tomaba otra copa. No podía funcionar sin la bebida.

Pasé los siguientes años entrando y saliendo de hospitales y clínicas de desintoxicación, tratando de entender qué me había sucedido, cómo era posible que no pudiera dejarlo. Fue la peor y más larga pesadilla que he tenido en mi vida”. — Jan

“Mi adicción se mantuvo a un ritmo constante y, antes de darme cuenta, me había convertido en una bebedora tanto matutina como vespertina. Decidí dejar de beber. Permanecí despierta la mayor parte de esa noche, y para el mediodía siguiente me dolían todos los huesos del cuerpo. Cegada por el pánico y los nervios, me serví un vaso lleno de ginebra, mis manos temblaban de forma tan violenta que derramé la mitad de la botella. A medida que bebía, pude sentir cómo la agonía se aliviaba de forma gradual. Entonces, finalmente supe la terrible verdad: Estaba enganchada a la bebida. Y no podía dejarla”. — Faye