¿SUEÑO O PESADILLA?

  • De acuerdo al Estudio Nacional sobre consumidores de drogas y salud en el 2007, se estima que 12,4 millones de estadounidenses de 12 años y más, probaron el éxtasis al menos una vez en su vida, representando el 5% de la población que tiene esa edad en los Estados Unidos.
  • Los resultados de la encuesta de 2007 indicaron que 2,3% de los estudiantes de octavo grado, el 5,2% de los estudiantes de décimo grado y el 6,5% de los alumnos del último grado han probado el éxtasis al menos una vez.
  • El 92% de aquellos que comienzan a usar el éxtasis después se pasan a otro tipo de drogas como marihuana, anfetaminas, cocaína y heroína.

La pastilla del amor,
fuera máscaras.

Al éxtasis se le llama comúnmente “la pastilla del amor” porque agudiza las percepciones de color y sonido y supuestamente amplifica las sensaciones cuando uno toca o acaricia a otro, particularmente durante el sexo.

Pero el éxtasis a menudo contiene alucinógenos, los cuales son drogas que actúan sobre la mente y causan que la gente vea o sienta cosas que no están realmente ahí. Los alucinógenos pueden lanzar a una persona hacia una experiencia espeluznante o triste del pasado, en donde él o ella se quedan atorados y ni siquiera se dan cuenta.

La imagen del éxtasis como “pastilla del amor” es una de las muchas mentiras que se divulgan sobre la droga.

El éxtasis es dañino emocionalmente y los consumidores por lo general sufren de depresión, confusión, ansiedad severa, paranoia1, comportamiento psicótico y otros problemas psicológicos.

“Las fiestas rave2 están bien, siempre y cuando no consumas éxtasis. Pero tan pronto como empieces, pensarás que las personas que te aconsejan que lo dejes son idiotas. Comienzas a creer que has encontrado algo maravilloso y que los demás no deberían decirte lo contrario. Cuando te empieza a gustar el éxtasis, es demasiado tarde: estás hundido”. — Pat

  1. 1. paranoia: sospecha, desconfianza o miedo a otras personas.
  2. 2. rave: un estilo de música electrónica de alta velocidad que suena en fiestas con una gran aglomeración de gente. Proviene del antiguo alemán reven que significa “estar sin sentido”.